¿Cuándo empezó todo?
Sin duda hace tiempo, pero de manera más intensa fue a partir de Ronda, hace apenas 3 semanas.Allí lo decidí, y es que, por mucho que me empeñe, por mucho que se tuerzan las cosas, y se pongan difíciles, que lo han hecho y mucho, sabía que estaría en la línea de salida, porque el ultrafondo y el maratón me tiene enamorado.
Cuestas, hace calor, tiene fallos organizativos, sí, pero precisamente esa imperfección la hace más nuestra, más humana, y hace que me guste.
Pero empecemos por el principio, tenía dudas, como no?, pero fue el sábado donde todo explosionó, y desde ese momento, decidí, que para bien o para mal, tendría que ser como siempre, valiente, fiel a mi mismo, y salir a por todas.
Como en el 2008, hice mi momento de conjura a las 6:30 de la mañana, mirando por la ventana, como salía el sol, el mismo que me iba acompañar durante los 42km del día. Allí, ya sabía por quién correría esta vez.
Y como en el 2008, fui con Comunero, mi amigo, más que eso, mi hermano Emilio que desentendiendose de marcas, decidió acompañarme, en la que sería una buena galopada. Tras ir unos cuantos kilómetros con el globo de las 3h15, que lo llevaba mi amigo Claudio, la verdad que sentía las piernas en ese estado donde te sabes fuerte, donde sabes que las puedes exprimir, y sin saber referencias (llevo entrenando muy poco después de todo el mes de febrero parado), nos lanzamos a tumba abierta, creo que no he corrido nunca tanto en un maratón, de hecho por dar un dato, aunque no soy mucho de tiempos ni records, desde el km 5 al km 26, marcamos 1h25.
Y es que cuando sientes algo muy fuerte, mejor dejar que salga, porque luego, podrás vivir o morir, pero no lo harás arrepentido y con la duda del que hubiera pasado. Así vivo, siento y corro, lo siento, pero soy así.
En el km 20 se unió Thelonius, con el firme propósito de ayudarme, y la verdad que hicimos unos kilómetros muy rápidos. Ellos delante, yo sufriendo a rueda, enganchado, y sin bajar el ritmo.
Y en los momentos malos, siempre animaba alguien desde el público, ha sido genial tener a tanta gente querida repartida por el recorrido.Muchas gracias¡¡
Tras coger al globo de las 3h, ya fuímos con él, lo llevaba Manso, un ultrafondista que otorga mucha confianza en los ritmos, íbamos con entre 1-2' de margen, y así llegamos a la Casa de Campo, el lugar de la verdad. Ya no hay medias tintas, entras vivo y sales tocado, es así siempre. Además el km 32 te espera cruel, con una cuesta que ya te desgarra, y que a mi ayer, me dejó fuera de combate.
Cuando se fue el globo, empezó otra carrera, la mía. Ahí ya no hay nada ni nadie, estás sólo contra los kilómetros que ella te impone, cada vez más largos, cada vez más empinados, cada vez más difíciles.
Iba tocado pero no derrotado, cada centímetro del asfalto, se agarraba a las zapatillas, pero sin embargo, no se porqué notaba igualmente un abrazo, una caricia que me empujaba a seguir, a no parar, a agachar la cabeza, siguiendo hacia delante, porque si algo hago, es no darme jamás por vencido.
Y con la ayuda de mis magníficos compañeros, seguí. Con dolor, vacío, pero adelante, siempre hacia delante.
Kilómetros que hay que pasar, muy complicados, pero que pasan, y cuando visualicé atocha, ya sabía que estaba casi en meta, me cambió la cara, y es que cuando uno sonríe, parece que el dolor se atenúa.
Estaba disfrutando. Ese dolor del muro, es lo que nos hace maratonianos. Regocijarse en ese dolor, pedirle más, saberse más fuerte todavía, es lo que nos hace ultrafondistas. Y por eso, un día elegimos serlo.
Vivir la entrada en el Retiro, otro año más con Albert, y cruzar el arco de meta en solitario, 12' después de que lo hiciera esa esperanza que perdí en el km 32. Un maratón más, y sin embargo en este lloré por primera vez en mi vida en una meta.
Demasiada emoción, demasiada tensión, demasiadas cosas....
He aprendido un poco más sobre mí, sobre mi cuerpo, sobre como llevarlo al límite, y después, un poquito más allá. Próxima parada, los 100...


