martes 3 de febrero de 2009

Crónica Mapoma 08

Me ha apetecido rescatar aquella crónica, ahora que ya casi se percibe en el ambiente el matoma 09

Crónica de un maratón anunciado.

Y es que esta vez sí, por fin, no tuve problemas y llegué. La verdad que esta última semana esa ha sido la frase que he dicho más veces…había completado una escasa preparación, pero lo había hecho que es lo importante.

Muchas veces las actuaciones particulares hay que valorarlas dentro de un contexto, y es que como dijo alguien, yo soy yo, y mis circunstancias. Por ello, valoro de manera muy especial los 42km corridos ayer.Pero retrocedamos un poco, ahora me gustaría acordarme de las muchas lesiones que he tenido, desde la última vez que me enfrenté a un maratón en el 2004, fascitis plantar en los dos pies, desplazamiento de astrágalos, tendinitis de aquiles en las dos piernas.

Difíciles. Muy difíciles han sido estos años de penas, donde ya entrené para el matoma05 y para Berlín06, y sin embargo no pude pasar de pomponero-palmero. Pero una de las únicas virtudes que tengo, es que me gusta mucho correr, disfruto cada km, sea en las circunstancias que sean, y quizás eso me ha mantenido con la ilusión de algún día poder volver a ser maratonista. Estas 9 semanas que ha durado el entrenamiento, he disfrutado muchísimo, lo he pasado francamente bien, y eso es lo que me llevo.

Ni los peores augurios de calor anunciado, ni una inoportuna contractura en la espalda el día de antes, me iban a alejar del objetivo. El domingo, en mi minuto de reflexión en calma, a las 6:30 de la mañana, viendo amanecer, me reté a mí mismo a no dar nada por perdido antes de perder, y si algo se, desde luego, es poner difícil la derrota. Estaba en forma, sabía que podía bajar con facilidad del objetivo de las 3h10 marcado en el inicio, y sabía, aunque lo callaba, que podía con las 3horas, cuando ya has hecho algo en un momento, es como si lo desmitificaras y fuera más fácil.

Ya en casa de Nacho los nervios nos podían a todos, debía ser divertido ver desde fuera ese baile de personas de azul, inundando el salón, vaselina, tiritas, pulsómetros….y más alegría al ver que Nacho al final corría. Como debe ser¡¡

En la salida todo fue mal, pero volvemos a las circunstancias, éstas son como son, y no se pueden cambiar. Nos colocamos fatal. Ya andábamos justos, y encima regalamos varios minutos al crono. En fin.

En el km 4, cuando seguíamos taponados, a un pésimo ritmo de 5’/km, pensé que estaba todo perdido, pero sorpresivamente, me vine arriba, empecé a tener pensamientos positivos, y en ese momento la arenga fue, que cuantas más dificultades pasara, la gesta se merecería ese nombre. Nadie dijo que fuera fácil. Y como decíamos para el entreno de Costa Rica, ¿qué somos hombres o gusanos?

Alberto y yo, nos fuímos a un extremo por las aceras, y empezamos a correr. Y vaya si lo hicimos¡¡¡ de hecho en el km 6 ya iba sólo, Alberto decidió inteligentemente hacer su carrera.

Un tanto inquieto por el ritmo alto, de hecho cogí a Emelio a ritmo por debajo de 4’. Y ahí comenzó la remontada.

No fui nada bien, pero contradictoriamente, me sentía super, y por tanto, podía ir sufriendo todo el rato. En ningún momento sentí eso de “hasta el 30 debes ir fácil…”, si no fui fácil desde el 6¡¡¡.

La verdad que aún hoy no he digerido la cabalgada que nos metimos, no he revisado bien mis parciales, pero salve decir que en la ½ ya iba a ritmo de sub3. Por allí hablé con Emelio (hablamos poquísimo en la carrera), y le dije que o todo o nada. Y seguimos adelante.

La verdad que no tengo muchos recuerdos, la gente, alguna charanga, poco más, iba muy concentrado en beber y correr, correr y beber, pensando dónde me daban el siguiente avituallamiento, en no lanzarme en exceso en las largas bajadas, contemporizar en las subidas, y no seguir al metro a Emelio, sino dejarle ir en sus efusividades, y con paciencia ir ahí metro a metro.Cómo sufrí…

Ya antes del km 15 pensé que no podía, pero bueno me dije, un poquito más, hasta el avituallamiento y luego bajo el ritmo, y así iban pasando los km, y pasó la media, y llegamos a la Avenida de Valladolid (me río de la llanura) en el km 24, y la entrada a la casa de campo, con su cuestecita de bienvenida. Me llama la atención lo que decíais sobre el tema del silencio en este punto. Realmente yo fuí escuchando silencio todo el maratón. Iba metido tan dentro de mí, que apenas me dí cuenta de ese efecto en ese punto. Pero sí de las cuestas. Aquí estaban los tramos más duros, y realmente, después de la casa de campo, ya nada es igual, si ya vamos tocados, la rampa de salida de ella, es tremenda.

De pronto los kilómetros tardaban más en pasar, se hacían eternos, pero lo importante, se hacían. Ahí fue crucial la ayuda de Emelio. Como un boxeador ko, que aunque le siguen pegando se mantiene en pié, así estuve hasta el km38, donde ya no pude más, y los km me cayeron a 5’ hasta meta. Bueno, hasta ahí había llegado, y el tremendo dolor que sentía, no apagaba mi alegría. Debía llevar mala cara como me decían. No se, mi lucha era seguir, seguir, como fuera, pero seguir corriendo, eso es el maratón, hasta entonces, no sientes la cruda realidad, de esa explosión de dolor en los cuadriceps.

La criminal cuesta de Menéndez Pelayo nos iba a cobrar un caro peaje, para la llegada a meta. Pero como casi todas las cosas, pasó, y de esa forma llegamos al Retiro. “Kike, que no te vean mala cara”, me grita Emelio, y no, ya estábamos allí, culminando ese maratón que tanto había costado.

Recuerdo la bajada hasta meta, con Emelio haciendo la ola, con la bandera de Castilla en la espalda, y la cámara siguiéndonos, mientras afrontaba la meta, me acordaba de mi hermano, de mi abuela que ya no está, y de mi novia que siempre me sigue.

Me quedo con una cosa. Cuando a falta de unos 300metros, el comunero se vino hacia mí, y sin decir nada, cruzamos las miradas con complicidad, y sonreímos. Los dos sabíamos lo que me había ayudado a hacer. Esa pequeña gesta, que muy posiblemente sólo me importe a mí, así somos de insignificantes en la realidad los egocéntricos corredores, pero que me llenó de orgullo y satisfacción.

Sería un necio desagradecido, sino compartiera parte de esto con vosotros, mis amigos, todos los que formáis el GGM, los que me habéis empujado, y especialmente con Alberto y Nacho, compañeros de fatigas, y con los que he compartido tantos km en estas semanas. Pero el Goya honorífico se lo tengo que dar a Emilio Comunero, que me ayudó durante todo el maratón estupendamente, y a los avitualladores, Eva1, Eva2, María, Marco, Sonia, Esther y Grey, y como no especialmente a Luna. Sin ellos, sin ella, sé, que no hubiera sido posible esto, y gracias a ellos, y a ella, todo fue tremendamente fácil.

Y como no corrí sólo, quiero dar la enhorabuena a Josero por su carrerón lleno de “pura-vida”, a Jose Luis, porque ya tienes otro en la buchaca, y ya sabes, matoma de petada, otoño de marca personal, a Claudio por el coraje de haberlo intentando, fue valiente y es lo que cuenta. A Alberto por rebajar en más de media hora su marca personal. A Nacho, porque corrió, acabó (y le ví en el Retiro) y espero que disfrutara, acumulando una experiencia más, para cuando llegue el ataque, y a Pablod, porque sé que disfrutó cada metro.

Hoy parezco Robocop, pero no dejo de tener un regusto a felicidad cada vez que intento recordar cada metro de ayer.

Por cierto, ¿cuándo es la siguiente??

3 comentarios:

Landes dijo...

¡Gran crónica! es curioso (y reconfortante) leer como los sentimientos de agradecimiento que yo tuve, se repiten en otros casos.

250km solidarios 2009 dijo...

Lo pasamos de coña. Y lo mejor fue la paella que se alargó hasta la noche.

Este año me gustaría repetir pero creoq ue mi cuerpo estará más que roto. Aunque allí estaré animando todo lo que pueda

Dragonkik55 dijo...

Landes,
la verdad que son situaciones similares, llenas de emoción que evidentemente, cada persona las vive de una manera, pero en el fondo, se comparten muchas cosas, y es que somos corredores.

Emilio,
si. Es una carrera que recordaré toda mi vida, y no por la marca que no es mi mejor, si no por la forma que corrimos. Seguro que este año, algo me podrás ayudar, seguro.